46 rescatistas chilenos de Topos Chile llevan más de una semana metidos en túneles en La Guaira, sacando gente con vida de entre veinte pisos de hormigón colapsado. Su líder, Francisco Lermanda, ha dado varias entrevistas esta semana, y el relato se repite con detalles cada vez más concretos.
Cuenta que un militar se metió directamente a la zona donde su equipo excavaba, entre los túneles, para exigir documentos a especialistas que ya habían sido identificados en jornadas anteriores. A una de las rescatistas la controlaron hasta ocho veces: le pidieron nombre, documentos, en qué trabajaba en Chile, y le insinuaron que podía ser espía. Lermanda lo describió derechamente como un interrogatorio.
Pero el episodio más delicado ocurrió mientras el equipo intentaba rescatar a un adolescente de catorce años con síndrome de aplastamiento —una condición que requiere evaluación médica inmediata antes de poder moverlo—. En medio de esa videollamada con un médico, un soldado les quitó el teléfono, porque sospechaba que podía tratarse de espionaje. Es decir, la urgencia médica quedó interrumpida por un control de seguridad.
Y no fue un caso aislado. Según relató Lermanda, dos médicos y dos ingenieros del equipo salieron un momento de la zona de desastre a buscar cobertura para llamar a sus familias, y al volver, los militares no los dejaron reingresar, pese a mostrar sus credenciales. Simplemente no los dejaron entrar. En otro episodio que describió, dos militares sacaron a un rescatista francés arrastrándolo por los pies desde dentro de un túnel donde trabajaba, en una escena que el propio Lermanda dijo no haber visto nunca en su carrera.
Su lectura de fondo es que existe lo que él llamó una "paranoia" instalada entre las fuerzas venezolanas, la sospecha de que las brigadas extranjeras podrían estar ahí para espiar o incluso preparar algún tipo de desestabilización política, en un contexto donde Venezuela vive una crisis de legitimidad interna. Y pidió, explícitamente, que esa lógica se deje de lado mientras haya gente con vida bajo los escombros.
Son relatos que Lermanda ha entregado con nombre y apellido, a distintos medios chilenos y venezolanos, de forma consistente en el tiempo.
LO QUE HAY QUE RECONOCER
Hay que decirlo con claridad: la respuesta oficial de Chile ante el terremoto fue rápida. Dos vuelos de la FACh trasladaron al equipo USAR de Bomberos de Chile con toneladas de equipamiento, y el Presidente Kast activó la ayuda apenas horas después de la tragedia. Eso es un mérito real y hay que reconocerlo.
LA CRÍTICA: EL VACÍO DE INFORMACIÓN
Pero ahí es donde algo no cuadra. Frente a una denuncia de esta gravedad, las dos máximas autoridades que se pronunciaron respondieron con la misma frase, casi calcada: "no tenemos información".
El subsecretario Pavez dijo que el Gobierno "no se puede hacer cargo" porque Topos Chile no es parte de la delegación oficial. Un día después, el propio canciller, Pérez Mackenna, fue más allá: dijo no tener antecedentes de la denuncia, pese a que él mismo reconoció que Chile mantiene un enviado especial de Cancillería en Caracas.
Y ahí está el problema real, más allá de si Topos Chile es "oficial" o no: cuando un grupo de connacionales denuncia hostigamiento militar en zona de desastre, uno esperaría que alguien en el Estado ya hubiera hecho una llamada para verificar los hechos. No una semana después. No con un "no sabemos".
[EL CONTEXTO DIPLOMÁTICO]
Es cierto que Chile no tiene relaciones diplomáticas con Venezuela desde 2024: no hay embajada, los consulados están cerrados, y eso complica cualquier gestión formal. Es un contexto real que hay que considerar.
Pero también es cierto que ese mismo canal informal el que permitió que el Presidente llamara por teléfono a Delcy Rodríguez y coordinara el envío de ayuda demuestra que la comunicación con Caracas, cuando se necesita, es posible. La falta de embajada explica por qué no hay trámites consulares. No explica por qué, a estas alturas, nadie ha confirmado si la denuncia de Topos Chile es cierta, exagerada o un malentendido.
La ayuda oficial de Chile a Venezuela merece reconocimiento. Pero frente a una denuncia de hostigamiento a compatriotas en terreno, la respuesta del Gobierno no fue investigar y luego informar: fue, primero, deslindar responsabilidades, y solo después, admitir que no sabían qué estaba pasando.
Esa secuencia deslinde antes que información es lo que esta historia deja como pregunta abierta: ¿se estableció contacto con Topos Chile en algún momento, o la primera reacción del Estado fue simplemente tomar distancia?
Mientras se responde esa pregunta, los rescatistas siguen ahí, en los túneles, sacando gente con vida.


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